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Carlitos es mi hogar

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___________🎶___________ Hoy me he levantado contigo en la cabeza, con una sensación de resaca emocional que necesitaba escapar de mi mente, o de mi corazón, o de mi alma, ¡yo qué sé! y no me valía con guardármelo. Ya sé que no es tu cumple ni un día especial, es un día cualquiera. Los 11 de marzo son tuyos, pero el mes pasado me quedé bloqueada, con un nudo en la garganta que me duró semanas sin saber cómo soltar todo lo que me quemaba por dentro; y hoy, de repente, ha salido, sin excesos ni florituras. Da igual que yo viva fuera, que esté en otro país o que haya cambiado de código postal mil veces; mi casa, mi verdadera casa, sigue estando en esas calles de Moratalaz donde tú siempre nos esperas. Porque tú no te has ido, Carlitos. Tú eres. Eres esa luz que no se apaga y esa risa que se queda pegada a las paredes de los bares, a los bancos de los parques, al viento, a los recuerdos… eres eterno. Da igual el tiempo que pase o si nos veíamos menos de lo que me hubiera molado por culpa d...

De mi Costilla.

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Autocomplacencia y azúcar: la dieta de las larvas

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  ────୨ৎ──── El aire en la terminal 4 del aeropuerto de Madrid no era aire; era un almíbar invisible, denso y cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos de Elena se erizara. A su lado, Carlos apretaba el asa del carrito del pequeño Vigo con los nudillos blancos. Ellos venían del extranjero, del norte europeo, pero no traían la cordura de allí. Sabían bien que el Norte padecía la misma dolencia: el mismo consumo voraz, el mismo azúcar barnizando la soledad. La diferencia no era geográfica, sino un acto motu proprio: ellos habían elegido despojarse del velo en un mundo que prefería vivir sedado. —Ya están aquí —susurró Leo, el hijo de ocho años, ajustándose la mochila. No miraba a los pasajeros, sino a las pantallas gigantes que escupían anuncios de turrones y juguetes. Leo no veía anuncios. Gracias a la higiene visual que Elena y Carlos habían cultivado, Leo veía a los Gula-Larvas. Eran pequeñas entidades translúcidas, similares a calamares de humo, qu...

Frente al abismo

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El sol de enero en Madrid es una aguja de cristal que no calienta, solo deslumbra. Moussa contemplaba el patio del colegio con el escrutinio de quien observa un campo de batalla desde la última trinchera. Para él, los gritos de los otros niños no eran juegos, sino el fragor de una contienda por la supervivencia social. Senegal quedaba a miles de kilómetros y a una vida de distancia, un lugar de manglares y redes vacías que su padre, un pescador de Saint-Louis que veía cómo el mar ya no entregaba sustento, decidió abandonar para no ver a sus hijos marchitarse en la orilla de un mundo que se quedaba sin peces, sin futuro. Llegaron en una travesía que Moussa solo recordaba como una negrura infinita de sal y miedo, apretujados en una madera que crujía bajo el peso de setenta almas. Sus padres estaban también vivos, milagrosamente, pero el precio de la supervivencia fue una servidumbre invisible: su padre ahora descargaba cajas de madrugada en Mercamadrid, con la espalda encorvada por un pe...

La risa programada

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Melania residía en un piso del barrio de la Estrella donde los techos eran tan bajos que uno sentía la imperiosa necesidad de caminar ligeramente encogido y encorvado, como si la arquitectura tuviese algo personal contra la estatura media. A Melania le habría encantado que el mundo la llamase «Mel», un apelativo con reminiscencias de estrella del pop, pero la timidez le impedía sugerirlo. Así que, para su desgracia, todos —incluida esta narradora omnisciente pero poco complaciente— persistían en llamarla Melania, un nombre que a ella le sonaba a cortina de terciopelo o a tía que colecciona dedales. Nuestra protagonista se dedicaba a la comedia, o al menos eso ponía en su biografía de Instagram. Sin embargo, su realidad profesional era un páramo de hilaridad. Cuando se subía al escenario de cualquier local de moda en este Madrid de 2025, sus remates eran recibidos con un silencio tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo de postre. Mientras sus colegas provocaban espasmos de jú...

El Evangelio de la Dualidad: Partenogénesis y la Identidad Disidente

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__________†__________ En el teatro de lo absurdo que es la historia humana, donde los hombres se disfrazan de dioses y los animales de sabios, ninguna máscara ha sido tan eficaz ni tan trágica como la del Nazareno. Bajo el palimpsesto de los siglos, tras las capas de barniz de un arte que siempre sospechó la verdad, subyace una realidad biológica y sociopolítica que la ortodoxia prefirió ignorar para no dinamitar los cimientos de su propio circo: Jesús no fue el hijo de un Espíritu Santo, sino el clon de una mujer; no fue ningún rey de los judíos, sino una mujer proscrita habitando el simulacro de la hombría. El milagro de la identidad clausurada La génesis de este drama comienza en el vientre de María, no por la intrusión de lo divino, sino por un repliegue de lo natural. La partenogénesis espontánea —ese "auto-embarazo" que la ciencia observa en especies que se niegan a la extinción— dictó una sentencia genética ineludible: un linaje XX. Jesús nació como un calco exacto de ...

Me necesito viva

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—¡No te necesito! —le dije mientras intentaba pegar un portazo imposible con una puerta acristalada y amortiguada que decidía cerrar con total suavidad. No siempre fui una persona enfadada, ni sentí la necesidad de destruir mi relación con todos y cada uno de mis seres amados y sobre todo nunca, hasta aquel evento que me convirtió en un escupitajo incapaz de sentir amor, habría tratado mal de manera pseudoconsciente a la persona que más quería en todo el universo, el camarero y gerente del bar ubicado justo al lado de mi despacho. Sí, es cierto, también es mi marido, pero el primer café de la mañana me suele hacer más falta que su beso matutino. Hace 8 meses, mi vida cambió de forma abrupta, eran las 5 de la tarde de un día despejado de diciembre. Ya estaban instaladas las luces navideñas de Madrid y en el Parque del Oeste habían cargado excesivamente de bolas, luces y adornos varios un par de árboles con forma de abeto navideño.  Siempre me ha gustado que las cosas se usen para su...