Me necesito viva
—¡No te necesito! —le dije mientras intentaba pegar un portazo imposible con una puerta acristalada y amortiguada que decidía cerrar con total suavidad. No siempre fui una persona enfadada, ni sentí la necesidad de destruir mi relación con todos y cada uno de mis seres amados y sobre todo nunca, hasta aquel evento que me convirtió en un escupitajo incapaz de sentir amor, habría tratado mal de manera pseudoconsciente a la persona que más quería en todo el universo, el camarero y gerente del bar ubicado justo al lado de mi despacho. Sí, es cierto, también es mi marido, pero el primer café de la mañana me suele hacer más falta que su beso matutino. Hace 8 meses, mi vida cambió de forma abrupta, eran las 5 de la tarde de un día despejado de diciembre. Ya estaban instaladas las luces navideñas de Madrid y en el Parque del Oeste habían cargado excesivamente de bolas, luces y adornos varios un par de árboles con forma de abeto navideño. Siempre me ha gustado que las cosas se usen para su...